El Rito Francés o Moderno

El Rito Francés es adoptado en 1991 por la R.·.L.·. Hermes-Tolerancia, nº 8, al Or.·. de Madrid, cuyo encendido de luces fue el 12 de mayo de 1983, y es el fundacional de la R.·.L.·. Descartes, nº 35, al Or.·. de Barcelona, creada el 22 de junio de 1998. Otros dos talleres, en Málaga y en Terrassa, trabajaron durante su existencia con este Rito.

La G.·.L.·.S.·.E.·. es una federación de ritos, en la que, sin perjuicio del carácter oficial del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y de los privilegiados lazos de colaboración establecidos con el histórico y bicentenario Supremo Consejo Masónico de España –el espacio natural de trabajo del francmasón que desea seguir su itinerario en los altos grados-, conviven otros ritos en paz y armonía. En particular, la patente del Rito Francés Moderno fue otorgada a la Gran Logia Simbólica Española por el Gran Oriente de Francia el 28 de febrero de 1992. Como una muestra del estrechamiento de los lazos entre ambas potencias masónicas soberanas, el Gran Oriente de Francia y la Gran Logia Simbólica Española firmaron un Tratado de Amistad en París, el 29 de mayo de 2008.

El Rito Francés Moderno es, en primer lugar, el desarrollo a lo largo de tres siglos de Historia de la primera francmasonería, la después llamada de los “Modernos”, es decir, la heredera de los usos primigenios en Inglaterra entre 1717 y 1751. El Rito parte de la simplicidad de la concepción andersoniana y durante el siglo XIX recogerá con la expresión Libertad – Igualdad – Fraternidad el símbolo del combate por una república de ciudadanos. A lo largo del tiempo, el Rito ha experimentado el diálogo entre el patrimonio simbólico de la Orden, fijado en las primeras décadas del siglo XVIII, y las personas que lo practicaban, comprometidos con los retos políticos y sociales de cada época.

El símbolo central del Rito Francés Moderno es el Templo, arquetipo de la construcción y de la autoconstrucción, tareas en las que el combate personal es pulir la piedra bruta para su progresiva transformación en la piedra cúbica tallada. Esta tarea compete tanto al templo interior, de la conciencia libre, como al templo exterior, de una sociedad cada vez mejor. A lo largo de los siglos, el Rito ha privilegiado una cierta economía de su aparato ritual y una preferencia por los conceptos sobre las metáforas, por la imaginación sobre la demostración. Sin embargo, el ritual de inicio de los trabajos se ha mantenido siempre como el tránsito de los avatares del mundo profano a la serenidad de la logia; y el de cierre, como el impulso para continuar fuera del Templo la obra comenzada en su seno.

La opción de la R.·.L.·. Pedra Tallada número 70 por el Rito Francés Moderno –siguiendo el antiguo consejo de Rossend Arús y de Llorenç Frau- se ha realizado desde el mayor de los respetos por los diferentes ritos de la Orden, como los paisajes que está llamado a recorrer un francmasón, elementos de una riqueza compartida. Al mismo tiempo, es una opción por el equilibrio entre el itinerario iniciático íntimo y el compromiso ciudadano responsable, una invitación a la libertad de búsqueda, de investigación, de cada uno de los Hermanos, que comporta hallar respuestas, ciertamente, pero también formular nuevos interrogantes. Así figura en el lema de la Logia Pedra Tallada, hoc unum scio, nihil scire, que es la contestación de Sócrates al oráculo de Delfos estableciendo rigurosamente el reconocimiento de nuestra ignorancia como una forma de sabiduría.